08 noviembre 2009

Proteger la selva, proteger el planeta

Incluyo en esta entrada dos vídeos -uno en inglés y otro en castellano- y un reportaje aparecido en La Jornada de Méjico sobre una iniciativa puesta en marcha por el gobierno de Ecuador para proteger el Parque Nacional Yasuní, una reserva natural que se encuentra sobre uno de los mayores yacimientos de petróleo del país sudamericano.

No sin razón, Ecuador pide que para no explotar estos yacimientos y proteger así una selva cuya conservación beneficia a toda la humanidad, y en la que habitan varias tribus aisladas voluntariamente, se implique la comunidad internacional dotando de fondos al país que puedan invertirse en el uso de fuentes de energía renovables, el respeto de los pueblos indígenas, el desarrollo social y la conservación de la naturaleza.

El razonamiento es el siguiente, no se puede pedir sin más a países menos desarrollados que dejen de explotar sus recursos naturales y apuesten por tecnologías limpias -pero caras- que beneficien a todos los habitantes de la Tierra cuando los países más ricos han podido llegar a los niveles de bienestar que han alcanzado aprovechando tecnologías baratas como la del carbón y el petróleo.

Según la web de la propuesta, si se llevara a cabo la iniciativa, Ecuador dejaría de explotar 846 millones de barriles de petróleo, lo que evitaría la emisión a la atmósfera de 407 millones de toneladas de carbono, que se producirían por la quema de esos combustibles fósiles.
Esta iniciativa, que ya ha recibido el apoyo de numerosos gobiernos y organismos internacionales, deberá ser observabada de cerca como una herramienta más de lucha contra el cambio climático.

Puede mirarse más información en la siguiente web: Yasuní ITT.



Yasuní: petróleo por vida

Ir a la página original: la noticia en La Jornada.

Alejandro Nadal.

En la intersección del Alto Amazonas y la cordillera de los Andes, en Ecuador, se encuentra el Parque Nacional Yasuní, uno de los lugares con mayor índice de biodiversidad en el planeta. Yasuní es también uno de los centros de biodiversidad más importantes: en cada hectárea se encuentran más especies de árboles que en todo Estados Unidos y Canadá. Lo más importante es que en sus dos millones de hectáreas habitan los huaorani, tagaeri y taramenane, descendientes de los pueblos originarios de América y dueños de una cultura milenaria sobre la vida en los ecosistemas tropicales.
Yasuní es probablemente uno de los últimos y más importantes campos de batalla para salvar de la rapiña de las industrias extractivas lo que queda de bosque tropical húmedo del alto Amazonas. Quizás es también la encrucijada para nuestra civilización. Pero Yasuní tiene petróleo, y uno de sus campos más importantes es el Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT), con reservas probadas de 920 millones barriles de petróleo.
El presidente Rafael Correa ha propuesto no explotar las reservas del ITT para preservar el patrimonio cultural de los pueblos originarios que habitan el parque y conservar la extraordinaria biodiversidad de Yasuní. Esto es compatible con el objetivo de contribuir a la estabilización de gases invernadero en la atmósfera por dos razones. Primero, el crudo no quemado representa unos 115 millones de toneladas de carbono que no serían inyectadas a la atmósfera. Segundo, no abrir los campos de Yasumí a la explotación evitará la deforestación, que es uno de los más importantes generadores de gases invernadero.
La economía ecuatoriana depende fuertemente del petróleo: alrededor de 45 por ciento de los ingresos fiscales provienen de las exportaciones de crudo. Así que la no explotación del campo ITT en Yasuní es una costosa aportación de Ecuador a los esfuerzos internacionales para mitigar el calentamiento climático. A cambio de ello, Ecuador pide una compensación por 350 millones de dólares anuales por los futuros ingresos sacrificados. El cálculo es como sigue: por cada barril de petróleo extraído en Yasuní, el gobierno recibiría entre 10 y 15 dólares (el crudo en este campo es pesado y los costos de extracción son elevados), pero Ecuador sólo está pidiendo cinco dólares por barril dejado en el subsuelo. Este monto es realmente modesto si se considera el precio actual en el mercado internacional.
Las reservas del ITT-Yasuní se convertirían en un fondo de 4 mil 600 millones de dólares y los rendimientos de dicho fondo servirían para encaminarse hacia un modelo de desarrollo que no descanse en la destrucción del medio ambiente y la diversidad cultural. Los fondos se destinarían a programas organizados alrededor de principios de sustentabilidad social y ambiental. La propuesta se complementa con la organización de un fideicomiso con garantías internacionales para asegurar que las aportaciones se devolverán si el proyecto no prospera.
Las presiones en contra de esta propuesta son formidables. Para empezar, Ecuador es uno de los primeros receptores de inversiones chinas y uno de los objetivos más importantes se encuentra precisamente en la extracción de petróleo, entre otras actividades cercanas a la base de recursos naturales. Por otro lado, la empresa estatal brasileña Petrobrás ha estado muy activa y actualmente tiene una concesión de exploración y explotación en el parque. En octubre pasado el gobierno ecuatoriano subió fuertemente los impuestos a las petroleras extranjeras para ajustar los beneficios de éstas, derivados del extraordinario aumento en el precio del crudo. Pero las demandas en tribunales estadunidenses en contra de la medida no se hicieron esperar. No es la primera vez que este tipo de diferendos se ventila en cortes de Estados Unidos, sólo que esta vez la embestida va por todo.
Las exportaciones de crudo han sido la piedra de toque de la economía ecuatoriana desde hace tres décadas, pero los beneficios han sido pocos y mal distribuidos. En cambio, los costos son descomunales. Para los pueblos de Yasuní, la penetración petrolera implica la contaminación de cuerpos de agua subterráneos y de superficie, degradación de suelos, deforestación y explotación comercial insostenible, así como el desplazamiento de comunidades en la región en donde han habitado durante siete siglos. La explotación petrolera es literalmente un peligro mortal, pues esos pueblos carecen de defensas frente a las enfermedades que lleva la colonización salvaje. Los pueblos de Yasuní, y en especial los huaorani, dependen críticamente de los recursos del bosque tropical por lo que la explotación del campo ITT será muy probablemente la terminación de su cultura.
Claude Levi-Strauss, el célebre etnólogo francés, escribió en sus Tristes trópicos que para uno de los pueblos originarios del Amazonas la verdadera riqueza radicaba no en la acumulación de objetos tangibles provenientes de su actividad artesanal, sino en su heráldica y en su coreografía. Algo para reflexionar en estos tiempos en los que el bienestar se mide por el consumo de materiales y energía, las marcas comerciales amenazan con dominar la simbología y la coreografía más importante es la de la sumisión cortesana en los salones del poder.
La propuesta de Ecuador debe ser analizada con la atención que merece.


07 noviembre 2009

Cuando menos es más

Después de un tiempo de recogimiento toca volver a recuperar el ritmo de la vida cotidiana. Una de las formas será retomar el blog y verter en él nuevamente mis opiniones y reflexiones sobre todo aquello que me inquieta.
Para empezar esta nueva etapa subo un reportaje sobre el decrecimiento que escribí este año para la revista del master. Parece que poco a poco esta teoría va haciéndose un hueco entre aquellos que piensas que el modelo económico actual no es el más adecuado. Si es o no una utopía el tiempo lo dirá. Por lo pronto, lo que sí parece utópico es pensar que el capitalismo se vaya a comportar de una manera justa y responsable.

Cuando menos es más

Carlos Egio

Los partidarios del decrecimiento abogan por una reducción de la producción y el consumo ante la crisis ecológica del planeta
Cuando los holandeses llegaron a la Isla de Pascua en 1722 se encontraron con un apacible pueblo que vivía de la agricultura, 48 años más tarde una expedición española descubrió allí gentes desnudas que habitaban en cavernas, mientras que la siguiente expedición que terminó en aquel desconocido rincón del Pacífico se topó con unos pocos millares de indígenas caníbales que peleaban entre sí. Era el ocaso de una civilización aislada que, tras desarrollar una cultura compleja, no había sabido evitar el agotamiento de sus recursos naturales y finalmente el colapso. Hoy los grupos sociales que apoyan el decrecimiento advierten que si no cambiamos el modelo económico la humanidad entera está avocada a un destino similar.

Cuando la actual crisis económica todavía no había enseñado sus colmillos y aún podía confundirse con un rumor pasajero, cerca trescientas personas pertenecientes a movimientos sociales como plataformas contra la degradación del territorio, cooperativas de consumo agroecológico y medios de comunicación alternativos se reunieron en Cal Cases, en la comarca del Bages de Barcelona, para hablar sobre decrecimiento económico. Se trata de un término que en unos pocos meses ha pasado de no ser apenas conocido a colarse en los medios de comunicación, quizá ayudado por una debacle financiera que ha sacado a la luz muchos de los grandes defectos de un sistema económico imperante que apenas había sido puesto en duda seriamente desde la caída del muro de Berlín. El nuevo lema: menos trabajo, menos energía, menos materias primas.
Basado en el aumento constante de la producción y el consumo, sin internalizar los gastos de sus impactos sobre el medio ambiente y sin asumir lo limitado muchos recursos y de la capacidad del planeta para asimilar residuos, el sistema capitalista ha generado una situación de difícil escapatoria. Por citar algunos datos -que suele utilizar el biólogo de la estación biológica de Doñana y divulgador Miguel Delibes de Castro-, los humanos hemos transformado en nuestro provecho entre un tercio y la mitad de la superficie terrestre y explotado hasta el momento un sesenta por ciento de las pesquerías oceánicas. También es indudable el impacto en el clima de la Tierra del uso de combustibles fósiles, en los que por el momento se basa la economía, con los tantas veces citados, y no por ello menos preocupantes, problemas que conlleva, que van desde las migraciones masivas por la subida del nivel del mar, hasta el descenso en la cantidad y la calidad del agua dulce o la expansión de enfermedades.
Se trata sin embargo de fenómenos que afectarán más a los países pobres que a los ricos, mientras que, por poner un ejemplo, un canadiense promedio precisa casi ocho hectáreas para cubrir los requerimientos que demanda su modo de vida actual –la llamada huella ecológica-, frente a las algo más de cinco de un español, las dos y media de un mexicano y la algo menos de una hectárea de un hindú. Según WWF/Adena esta debería ser de 2,1 hectáreas por cada habitante del planeta.
A pesar de todo, en marzo, ocho meses más tarde de la reunión de Cal Cases, los ministros de Economía y Finanzas de todos los “G’s” imaginables (G-20, G-8…) decidirían aportar cantidades de dinero astronómicas al Fondo Monetario Internacional con el único fin de “restablecer el crecimiento de la economía internacional”, según afirmó en la reunión West Sussex, al sur de Londres, el titular británico de economía, Alistair Darling. Es decir, para continuar con más de lo mismo. España aportó unos 2.320 millones de euros.
Para Enrique Gil Calvo, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, esta actitud recuerda a la de antiguas civilizaciones como las de la isla de Pascua, los mayas del Yucatán o los vikingos de Groenlandia, que, como cita el evolucionista Jared Diamond en su libro Colapso, acabaron en un suicidio colectivo como resultado de la intensificación de la competencia por los recursos.
No obstante, Gil Calvo confía en que antes de llegar a esos límites “la actual crisis de los mercados se convierta en una verdadera crisis del sistema, que de a luz a un nuevo modelo de sociedad”. Este ideal sería una sociedad sostenible, “frente al depredador capitalismo neoliberal” que ha arrastrado al planeta a un colapso como el de la isla de Pascua, pero a escala global.
Por su parte, Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y firme defensor del citado decrecimiento, declaró a Cerocoma que el consumo insostenible de los recursos naturales no es algo propio de la naturaleza humana porque ésta no existe como tal. Para el politólogo se trata de “un concepto manipulable que se usa en provecho de diferentes intereses, tanto cuando se afirma que el hombre es un ser que no mide cuales son las consecuencias de sus conductas, como cuando se dice que es espontáneamente solidario”. Frente a una naturaleza predefinida existen por tanto la educación y la cultura.
El profesor de la Autónoma afirma que el problema de partida es que “lo que estamos haciendo hasta ahora no sirve. Podemos estar de acuerdo o no con qué hacer, pero cuando todas las respuestas políticas a la crisis apuntan a aumentar el crecimiento uno queda perplejo”. Por eso aboga por reducir la producción y el consumo de una sociedad que vive por encima de sus posibilidades dañando el medio y llevando al límite materias primas vitales.
Ejemplos de comunidades que deciden llevar a la práctica estas ideas –reducir el consumo, la producción y con ello repartir el trabajo- ya existen en otras partes del mundo. Es el caso de las Transitions Town de Gran Bretaña, un paradigma para los movimientos por el decrecimiento, con una importante acogida en otros países como Nueva Zelanda. Voluntarios reunidos en los llamados “grupos de transición” trabajan con comunidades locales para, estudiando cada caso concreto, ayudarles a desarrollar estilos de vida verdaderamente sostenibles.
En Reglan, una comunidad de Nueva Zelanda, los cambios se están notando en la hostelería, el suministro de alimentos y el transporte. Los resultados son tan positivos que los miembros de este movimiento tienen la certeza de que un futuro sin petróleo podría ser mejor que el presente, siempre y cuando se haya planificado una estrategia para mantener la calidad de vida actual.
El secreto para Carlos Taibo es asumir que, puesto que al producir menos serán necesarias menos horas de trabajo, habrá que repartir los empleos de los que se disponga entre toda la comunidad y pasar de una economía de bienes a una de servicios. “Dispondremos de menos dinero para consumir pero también de mayor tiempo para el ocio creativo y las relaciones sociales que nos reportarán mayor felicidad que los objetos que consumimos habitualmente”, afirma.
Pero a todas luces no se trata de un objetivo sencillo, ni exento de polémica. Muchas voces alertan de que, tal y como está estructurado el sistema, un descenso en la producción, aunque fuera voluntario, provocaría un aumento del paro, como ya venimos observando desde hace unos meses. Aunque ya se está llevando a cabo en algunas empresas para evitar despidos, sería complicado pedirle a todos los trabajadores que reduzcan sus horas laborales y por tanto sus salarios, porque nadie quiere renunciar a un nivel de vida adquirido.
Al igual que los ministros reunidos en West Sussex, los ciudadanos que decidieron pensar sobre el futuro del planeta en Cal Cases resumieron sus aspiraciones en un manifiesto. El Primer Encuentro de Movimientos por el Decrecimiento en Cataluña, organizado por el Colectivo Nómada Temps de re-voltes, llegaba así a la siguiente conclusión: “tarde o temprano pues, habremos de aprender a vivir en un mundo de baja energía porque ni toda la tecnología del mundo, ni todas las renovables juntas podrán conseguir que sigamos viviendo como si tuviéramos tres planetas. Porque ninguna invención podrá negarse a ver que planeta sólo tenemos uno, maltratado, expoliado, contaminado y asaltado en toda su fragilidad”.
Parece que todo el mundo coincide en el problema, ahora habrá que encontrar una solución que convenga a todos.

Los pilares del decrecimiento
Según Carlos Taibo, no es otra cosa que una reducción de la producción y consumos, desarrollando por el contrario sectores de la economía relacionados con la satisfacción de las necesidades sociales y el medio ambiente, se puede resumir en seis pilares:
1. La sobriedad y la simplicidad voluntaria.
2. Defensa del ocio creativo frente al trabajo obsesivo. Esto a su vez permitiría repartir el trabajo, que sería menos necesario porque se “abandonarían un sinfín de productos inútiles”.
3. Triunfo de la vida social frente a la lógica de la propiedad y del consumo ilimitado.
4. Reducción de las dimensiones de muchas infraestructuras productivas, de las organizaciones administrativas y de los sistemas de transporte.
5. Rotunda primacía de lo local sobre lo global.
6. Redistribución de los recursos en provecho de los desfavorecidos, frente al orden capitalista imperante.

16 octubre 2009

Humana, demasiado humana

No suelo escribir abiertamente sobre asuntos personales en esta bitácora, pero hoy me resulta inevitable, y creo que casi necesario, hacer un pequeño homenaje a una persona que siempre ha estado unida a mi vida y que, aún tristemente desaparecida -quizá más para los que la queríamos que para ella misma-, siempre lo seguirá estando.

El domingo, en un día de clara luz mediterránea, mi hermana pequeña, mi única hermana, decidió quitarse la vida. Un momento así me lo hubiera imaginado bajo un cielo cubierto y gris, con las nubes llorando para disimular nuestras lágrimas; pero nuestra tierra es así de cruel, no nos regala oscuridad ni en los instantes que exigen más recogimiento.

Dicen que hablar abiertamente de estas cosas puede incitar a otros a seguir ese camino, por lo que no lo haré. Sin embargo, sí que hablaré de ella, de la persona que se ocultaba bajo un océano de obsesiones en continua tormenta, de esa sensibilidad especial que hacía que se sintiera dañada con cualquier gesto cotidiano, de ese corazón que solo quería entregar su amor desbordante a los niños, quizá porque los sentía vulnerables, como ella misma.

La tragedia no empezó este domingo, el dolor surgió mucho antes. Explotó a sus 16 años y se detuvo seis más tarde, hace apenas una semana... Entre tanto tuvo que sufrir una decepción tras otra, perder un sueño tras otro... no fueron para ella suficientes los ánimos ni el esfuerzo de tantos por hacerle este mundo un poco más agradable, y fueron muchos y grandes.

Nadie que realmente la conociera podrá decir nunca que mi hermana fuera una persona cobarde, al contrario, demostró una valentía y unas ganas de vivir que ya quisiéramos más de uno. Recuerdo que de niños, cuando dormíamos en la misma habitación en el pueblo de mis abuelos, era ella la que me asustaba a mí. En aquel caserón manchego yo temblaba cuando me hablaba de fantasmas, mientras que ella decía saber a ciencia cierta que el coco no existía, haciéndose inmune a mis relatos de terror. De modo que a mí, seis años mayor, siempre me dio más miedo la ventana que había frente a mi cama que el armario que había junto a la suya.

Aunque este último gesto nos haya desgarrado el alma, aunque el dolor se convirtiera en nuestro compañero de viaje durante los últimos años, el breve paseo de María José por este mundo no ha sido en balde. Creo sinceramente que nos ha hecho mejores, que nos ha hecho valorar la vida como se merece, saboreando los buenos momentos, a veces demasiado breves, y desdeñando aquellos problemas que no son tales sino meros caprichos de niños adultos. Nos ha hecho más humanos, quizá porque a ella le dolía demasiado la fragilidad de nuestra condición.

Es imposible definir a una persona en unas pocas líneas, y menos a mi hermana, a ese torbellino que se ha bebido la vida en dos tragos, a la niña tímida que iba de la mano de mi padre al colegio, a la mujer que quería contemplarse en plenitud, a la adolescente rebelde e irreverente, al ser humano que desbordaba cariño, al ser crítico capaz de soltar verdades dolorosas como puños, a la criatura que se sentía desamparada, a la escritora que nos ha demostrado ser una vez que ha callado su voz...

¿Qué vamos a hacer con todo este vacío?

Aunque algunos no seamos capaces de creer en el más allá, descansa en paz en el corazón de los que tanto te queríamos.

10 octubre 2009

El rayo que sí cesa


PEDRO EGIO Miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia

No hay remedio. La improvisación y el egoísmo triunfan en política y los ciudadanos parecemos hipnotizados ante tantos gestos insolidarios vestidos con la máscara de la solidaridad y volvemos a otorgarles nuestra confianza, como si lo hicieran tan bien. Lo que incomoda es el viejo argumento de 'deja que el empresario obtenga todos los beneficios posibles, porque él hace de máquina'; y así al menos viviremos con sus migajas. La derecha entonces se reviste con la antigua 'charitas', generalmente adicta a la Buena Nueva entendida a su manera. Y se reviste incluso con la etiqueta de 'popular', aunque a veces no alcance ni al lema de 'todo para el pueblo pero sin el pueblo', porque en muchas ocasiones prefiere decir: 'primero nosotros, luego el pueblo'.

¿Subir impuestos? ¡No, hombre, no; entonces el empresario pierde una mezquina parte de sus ganancias; y si pierde esa mezquina parte va a repercutir en todos los demás!

¿Seguridad social? No nos pasemos tampoco; aportemos menos y en todo caso tomemos lo que podamos de la tajada: hospital nuevo que construimos hospital que administramos, por aquello de echar carbón a la máquina: para que el tren circule y todos con él, sí.

¿Servicios? Si pudieran, volverían a plantear el consejo de los economistas del XIX: al trabajador, lo imprescindible para que pueda seguir trabajando; engrasemos el tornillo para que no se parta. Si no hubiera sido por toda la izquierda, desde Owen al socialismo en todas sus vertientes (y para nada me refiero al espíritu de la Rerum Novarum) el trabajador continuaría desposeído de personalidad, reducido a mera herramienta de otros, sin más derecho a existir que el de seguir haciendo andar a la máquina.

Y luego nos damos, o bueno, se dan, golpes de pecho.

Todas estas agrias reflexiones -y siento tener que hacerlas- me son suscitadas por otra idea de la derecha, en este caso de nuestra región, que escuché en una emisora de radio local, hace unos días, estando en la sala de espera de un médico. A bombo y platillo anunciaban que, feliz idea de nueve concejalías, un autobús 'tipo rayo' de la empresa de transportes urbanos -por cierto, una de las de precio más elevado del país-, comenzaría a pasearse por la ciudad para recoger donaciones de los ciudadanos (ropa, juguetes...) en aras a fomentar la solidaridad en estos tiempos de crisis. Y seguían ufanándose con que matarían dos pájaros de un tiro -esto es muy del burgués acomodado, lo de ahorrar aunque sea munición si bien luego haya otros goteos que difícilmente se justifiquen-: "Al tiempo fomentamos una actividad ecológica". Debe ser porque aquí, a veces, ha habido dudas de que reciclemos debidamente las basuras en los vertederos; me refiero a la empresa que tiene encomendada esta tarea, claro, porque el ciudadano sí se ha aprendido bastante bien lo de los diferentes tipos de contenedores para reciclar.

Yo no he de criticar cualquier gesto solidario, ni siquiera, por supuesto, la importante labor de Cáritas Diocesana, mientras exista la gran injusticia de personas que apenas si tienen para comer. Pero de veras que ver al Ayuntamiento metido en estos gestos me produce vergüenza y pena, porque parece que nos quieren confundir: ¡qué buenos somos con los necesitados!, invitamos a echarles lo que nos sobre, lo reciclable, mientras nuestro jefe de partido se pone rojo de ira por la decisión gubernamental de subir impuestos para mantener servicios sociales.

Los que somos discapacitados y tenemos familiares muy cercanos igualmente discapacitados sabemos que con limosnas no arreglamos nada; que todos los hombres y mujeres, mujeres y hombres, tenemos los mismos derechos. Y yo al menos entiendo, además, que pasear un autobús durante un par de semanas para recoger donaciones no es en modo alguno el camino para superar injusticias: es un gesto casi vacío para cubrir el expediente y tranquilizar conciencias de manera muy artificial y rayando lo impresentable, mientras se invita al Gobierno a no replantear la política fiscal y, además, a restar servicios sociales.

07 octubre 2009

La ciencia española no necesita tijeras


¿Y qué decir sobre la decisión del Gobierno de recortar drásticamente la partida destinada a la ciencia -y a la cultura- en los presupuestos de 2010? Pues que a estas alturas ya nada sorprende. No dejamos de escuchar buenas intenciones y ratificar no tan buenos actos.

Pero esto viene ya de lejos, al comienzo de la legislatura ya desapareció el Ministerio de Medio Ambiente después de una campaña en la que aparentemente esta cartera recibía un papel más importante, y lo mismo sucedía con las Unidades de Cultura Científica, anunciadas y presentadas a bombo y platillo en el Año de la Ciencia.

Mientras Zapatero nos habla de un cambio en los pilares de la economía, es bien sabido que el basarla estos años en el ladrillo ha sido la causa de que la crisis afecte a España más que al resto de países, hemos visto estupefactos los miles de millones de euros que se han dedicado al Plan E, un balón de oxígeno para las empresas de la construcción. Así nuestras ciudades se han llenado de farolas nuevas -y muchas veces inútiles-, se han levantado las calles por enésima vez para poner baldosas un poco más brillantes y se ha cambiado el césped de los polideportivos, entre otras obras innecesarias que por la prisa no han tenido un control ambiental. Llega la nueva economía, nos anuncian, buenas intenciones en la forma que quedan de lado en el fondo... los que mandan son los presupuestos y sube una vez más la inversión en infraestructuras para beneficiar a los de siempre, para mantener la burbuja... Una vez más se generarán grandísimos beneficios que terminarán en cuentas en paraísos fiscales en lugar de revertir en la sociedad, en lugar de crear tejido productivo.

La situación comenzó con la liberalización del suelo del primer gobierno de Aznar, pero el PSOE ya lleva cinco años en el poder... no es algo que le resulte ajeno, no pueden ocultar la cabeza bajo el ala. ¿Es que la única forma de salir de la crisis era conseguir las Olimpiadas?

Seguiremos exportando productos de bajo valor añadido para importar tecnología, España seguirá siendo un gigante con pies de barro y seguro que luego nos sorprenderemos por la fuga de cerebros. La inversión en ciencia fue un espejismo de los años de bonanza económica, como lo fue la inversión en medio ambiente -hasta se "agilizaron" los Estudios de Impacto Ambiental-.

¿Qué es de un país que no invierte en ciencia y cultura? Hay que apostar por la investigación, entre otras cosas para aprovechar las horas de sol, más allá del bronceo para los turistas, para que el empleo sea de calidad más allá de los trabajos temporales no cualificados, porque cualquier país que se precie sabe hacer algo más que levantar edificios...

Esperemos que el Gobierno recapacite y no nos defraude una vez más después de generar tantas ilusiones.
-----
Esta entrada la he escrito para una iniciativa en la que ya participan más de 800 blogs. Puedes informarte en este enlace: La ciencia española no necesita tijeras.

03 octubre 2009

Opinando sobre urbanismo en un diario regional...

Carlos Egio
Este verano tuve la fortuna de poder viajar por Colombia. Entre visitas a selvas y paisajes de ensueño pude aprovechar para ejercer de periodista -también de ambientólogo interesado en el urbanismo- y acercarme a alguna de las iniciativas sociales que están haciendo que el mundo, más allá de la terrible violencia que lo azota, se fije en este país como foco de innovación en cuanto a políticas ciudadanas se refiere.
Es el caso de la política urbana de la ciudad de Medellín, tan premiada en los últimos años. Tengo que admitir que conocer el planteamiento de la alcaldía con los barrios más desfavorecidos y hablar con sus responsables y líderes comunitarios me hizo sentir envidia, y en cierto modo vergüenza, al compararlo con el que se lleva a cabo en Murcia, mi ciudad.
Desde la municipalidad de Medellín, gracias a la iniciativa del ex alcalde Sergio Fajardo, y en este mandato al empeño del alcalde Alonso Salazar, se ha promovido la participación de los ciudadanos en el urbanismo, entendiendo que es a éstos a quienes está dirigido. De este modo, tras estudios basados en el índice de desarrollo humano -esperanza de vida al nacer, tasa de alfabetización y PIB per cápita- se han focalizado los presupuestos en las zonas más necesitadas. Y se ha hecho contando desde un primer momento con aquellas personas que finalmente aprovecharán las reformas.
En los llamados Proyectos Urbanos Integrales (PUI) se ha implantado el presupuesto participativo en su acepción más amplia. Los trabajadores del municipio -arquitectos, asistentes sociales y otros técnicos de la Empresa de Desarrollo Urbano, incluidos sus directores- se han volcado en recoger la opinión de la gente de la calle a través de novedosas herramientas como talleres de imaginarios, en los que se les hace plantear su barrio ideal; asambleas abiertas a cualquier vecino, y paseos con ellos para localizar aquellos lugares que necesitan una mayor inversión o los problemas que ellos consideran más importantes. Es decir, han decidido considerar al ciudadano un actor imprescindible en la construcción de su entorno, hasta el punto de que su decisión es vinculante para la aprobación de los planes.
En Murcia, donde nos vanagloriamos de formar parte de una Europa democrática, la realidad es bien distinta. El Ayuntamiento dedica sus esfuerzos a vender demagógicamente a los vecinos proyectos nacidos directamente de despachos de promotores privados, sin ofrecerles ninguna alternativa; no duda en expropiar y echar de sus viviendas a los habitantes de la huerta tradicional, uno de los valores que nos diferencia de otros lugares del Mediterráneo, para abrir vías de comunicación a las grandes superficies, que finalmente perjudican al pequeño comercio y colapsan aún más un tráfico ya de por sí insostenible, y mantiene un servicio de transporte público anecdótico para la población de las pedanías. No nombraré otros ejemplos de sobra conocidos.
Pero los ciudadanos tenemos bastante que ver en esto. Mientras que en algunos lugares de América Latina, acostumbrados a no poder valerse del Estado, los vecinos crean activas juntas comunales para solucionar sus problemas solidariamente y defenderse de los poderes públicos cuando es necesario, en Murcia preferimos delegar nuestra responsabilidad democrática en nuestros políticos, sin exigirles, ni al Gobierno regional ni a la oposición, estar a la altura de nuestras demandas y necesidades.
Precisamente en Medellín, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia que Edgar Morin dio en su discurso de investidura como doctor honoris causa de la Universidad de Antioquia. Bajo el título Ética y política, el filósofo francés habló, ante un público entregado que abarrotaba el teatro central del campus, sobre el individualismo como uno de los problemas de las sociedades contemporáneas y citó el lema de la Revolución Francesa -Libertad, Igualdad y Fraternidad- para concluir que la libertad sin la fraternidad no sirve para conseguir la igualdad. Dicho de otra forma, según Morin, la democracia por sí sola, sin la implicación de todos, no es una condición suficiente para alcanzar una sociedad más justa; lo que deja argumentos a una generación como la mía, los que nacimos y fuimos educados tras la Transición. ¿Qué diremos a nuestros hijos? ¿Que no movimos ni un dedo porque los teníamos ocupados jugando a la Play?
Si algo nos demuestran experiencias como la de la alcaldía de Medellín es que otros modelos de urbanismo más participativos son posibles, que los ciudadanos -conscientes e informados- pueden y deben formar parte de las decisiones mejorando así el resultado frente a aquellas de despacho y maletín.Lo menos que podemos decir es que nos queda mucho que aprender... forociudadano.org

The visitor, cuando el capitalismo no entiende de humanidad


Esta noche decidí quedarme en casa viendo una película alquilada. En principio, no parece un gran plan para un viernes por la noche, y de eso te das cuenta cuando vas al video club y todo son parejas, pero después de dos días saliendo me apetecía disfrutar de un sofá y un ambiente familiar del que suelo estar lejos... y mereció la pena.
No demasiado convencido, después de desistir de sacar alguna película conocida casi a las once de la noche, cuando ya pasó la orda de enamorados, me decidí por The visitor. La contraportada prometía pero no dejaba atisbar una cinta que merece algo más que un comentario.
Se trata de un film que nos enseña uno de los recobecos de la trastienda de estas sociedades democráticas y bien maquilladas que se denominan a sí mismas como sociedades desarrolladas: los centros de internamientos de inmigrantes y la propia política de inmigración.
The visitor cuenta la historia de Walter Vale -Richard Jenkins, nominado a un oscar por su actuación-, un profesor universitario aburrido de su trabajo que deja pasar la vida sin emoción desde la muerte de su esposa. En un viaje a Nueva York se encuentra con Tarek y Zainab, una pareja de inmigrantes -él sirio y ella senegalesa- que, de manera accidental, ocupan su piso. Tras el susto inicial, Walter decide mantenerlos en su casa mientras encuentren un lugar mejor, y a cambio Tarek le enseña a tocar el yembé. De este modo la música africana entra en la vida del profesor -y en la película- aportándole ritmo y pasión.
El drama empieza cuando el chico es detenido por accidente y conducido a un centro de internamiento de inmigrantes por no tener los papeles. Ahí comienza una intensa lucha contra la maquinaria burocrática del Estado en la que también se involucrará la madre de Tarek, con la que Walter entablará una amistad muy especial...
La historia está contada de una manera elegante e incluso divertida, sin quitar dramatismo a un asunto que debería hacer sonrojar a más de un político. Aunque rodada en Estados Unidos, la historia perfectamente podría darse en Europa; más después de aprobar la Unión Europea la directiva de la vergüenza , que permite el internamiento de las personas sin papeles durantes 18 meses, como si se tratara de delincuentes. En España las cosas no andan mejor, la nueva ley de extranjería, ahora en tramitación parlamentaria, cerrará las puertas de la educación y la sanidad a aquellas personas que no estén empadronadas en un municipio, limitará la reagrupación familiar y podría convertir en delito el invitar a un extranjero, si posteriormente este no cumple con el tiempo de estancia de su visado.
Así pues, parece que mientras el capital viaja libremente por el mundo, salvo cuando se ve atrapado en los paraísos fiscales, llenando aún más la cartera de los que más tienen, las personas tienen que superar mil pruebas para demostrar, principalmente, que son mano de obra útil en el lugar de acogida. En países como el nuestro los ciudadanos de lugares pobres deben poseer una importante cantidad de dinero en el banco. Es decir, tiene más derechos el que más dinero tiene. Los sentimientos y anhelos no cuentan para un sistema capitalista en el que las cifras macroeconómicas no entienden de humanidad.

18 septiembre 2009

Edgar Morin y la ética en la política


El martes pasado tuve la suerte de poder asistir a una conferencia del filósofo francés Edgar Morin, cuando iba a ser nombrado doctor honoris causa en la Universidad de Antioquia (Medellín). Tengo que admitir que hasta la semana anterior, en que los medios colombianos empezaron a hacerse eco de su visita ofreciendo resúmenes de sus teorías, no conocía a este pensador, del que probablemente sin saberlo he bebido a través de las clases de Ciencias Ambientales y otras muchas lecturas.
En su discurso, en lugar de hablar del pensamiento complejo, su teoría más conocida, decidió centrarse en la relación entre la ética y la política. Y lo hizo delante de un público entregado que abarrotaba el teatro central del campus, lo que demuestra que el interés por el activismo político está aún muy presente en América Latina, al igual que sucede con el interés por las Ciencias Sociales; una asignatura pendiente para mi generación en España y en Europa.
Morin explicó que uno de los mayores problemas de las sociedades contemporáneas es precisamente ese individualismo que ha provocado que la participación ciudadana en la política haya pasado a un segundo plano... porque precisamente se trata de una práctica del ámbito público. De este modo, citando el lema de la Revolución Francesa -Libertad, Igualdad y Fraternidad-, comentó que sus dos primeros hitos, libertad e igualdad, no son posibles sin la fraternidad; que debe ser camino para reducir desigualdades. Es decir, la democracia por sí sola, la libertad, no es suficiente para alcanzar la tan necesaria igualdad.
Posteriormente siguió su discurso separando la "real política" de la "ideal política", términos alemanes, y criticó la primera de estas posturas: una política que considera que creer en un mundo más justo es creer en la utopía no debería ser considerada una buena política. "La renuncia al mejor de los mundos, no es la renuncia a un mundo mejor", comentó. Del mismo modo, recordó que tampoco era admisible la voluntad de imponer la armonía a la fuerza, como sucede en los regímenes comunistas.
Por eso llamó al realismo, pero al que busca eliminar la imposibilidad de llegar a un mundo mejor y abre la vía para cambiar, siempre a través de la resistencia a la barbarie. Y aquí distinguió entre dos tipos de barbarie: la vieja, más visible, la tortura, la mera destrucción, el asesinato... y la nueva, la que viene a través del capitalismo descarnado y del mero cálculo y la estadística económica, aquella que no ve al ser humano e ignora todo aquello que no es cuantitativo... que no es beneficio económico.
Por último volvió a las primeras ideas expuestas. Es necesaria la ética en la política, por lo que hace falta regenerar la solidaridad en la sociedad, evitar al poder como parásito del ciudadano.
Esta conferencia en un teatro abarrotado fue una buena despedida de Colombia, un país en el que se dan una de las mayores desigualdades de América Latina pero en el que todavía hay gente que cree que es posible el cambio a través de la implicación política... A mí me convenció, por eso esta mañana compré uno de sus últimos ensayos: Para una política de la civilización.

07 septiembre 2009

«La situación política de la Región está provocando un exilio de murcianos»

Antonio Campillo, catedrático de filosofía de la Universidad de Murcia, habla con lucidez en esta entrevista publicada ayer en La Verdad sobre la triste realidad política de la Región del mismo nombre.

"La situación política de la Región está provocando un exilio de murcianos"

«La ciudadanía ni exige cuentas al Gobierno regional, ni actúa con responsabilidad», denuncia el autor de 'El lugar del juicio'
06.09.09 -
ANTONIO ARCO

«En Murcia seguimos estando a la cola en todos los niveles de desarrollo: económico, social, cultural, medioambiental...», se lamenta el filósofo Antonio Campillo (Santomera, 1956), quien acaba de publicar El lugar del juicio (Biblioteca Nueva), al analizar el estado de la Región en la que vive sin resignarse a acomodarse en la apatía.
-Habla usted últimamente con preocupación de lo que denomina exilio murciano. ¿A qué se refiere?
-La situación política de la Región, donde se vive un claro déficit democrático, está provocando un exilio murciano, así es. Es un fenómeno del que se habla poco, pero que está ahí: muchos jóvenes, estudiantes, profesionales, artistas, investigadores, profesores universitarios, etcétera, se están marchando de Murcia. Hay un exilio murciano que no se encuentra a gusto con la situación política y social que se vive en la Región y que busca su futuro fuera de aquí.
-¿Cómo es la situación política de la que usted habla?
-El PP tiene la mayoría absoluta en la Asamblea Regional y en la práctica totalidad de los ayuntamientos. Vivimos en un régimen de partido cuasi único, en un régimen prácticamente absoluto.
-¿Y la oposición?
-La oposición del PSOE e IU es muy débil, como también lo es la oposición ciudadana, lamentablemente muy limitada. Se vive desde hace muchos años una situación de monopolio del espacio público por parte del partido gobernante.
-Así lo quieren los murcianos, que son los que votan.
-Sí, sí, por supuesto que sí, pero lo curioso de esta situación es que todos los problemas que tiene esta Región, empezando por los económicos, no se resuelven con este Gobierno. Podemos hablar de Economía, de Educación, de Cultura, de Medio Ambiente, de políticas sociales...; mires donde mires, la Región presenta unos indicadores muy bajos con respecto al conjunto de España, por no hablar de Europa. La paradoja es que eso no le supone ningún coste político al Gobierno regional. Los culpables de todos los problemas que sufren los murcianos siempre son otros: Zapatero, los catalanes, los manchegos...; es una situación idílica para el presidente Valcárcel, a quien nadie le pide que asuma responsabilidades por las cosas que hace o deja de hacer.
-¿Cómo es posible?
-Porque vivimos en una situación de irresponsabilidad instituida, organizada. Los ciudadanos de la Región no les piden cuentas a sus gobernantes.
-Por ejemplo.
-Tenemos una comunidad con un porcentaje altísimo de imputados por corrupción política -alcaldes, concejales, funcionarios, un ex consejero, varios altos cargos...-, lo cual da lugar a una situación bastante tremenda desde el punto de vista de la calidad democrática, y sin embargo en las últimas elecciones europeas esto no sólo no ha supuesto ningún coste político, sino que se ha producido un incremento del apoyo electoral al PP.
Corrupción
-Desde el PP se habla de persecución orquestada.
-Murcia es el mundo al revés. Mientras que en otras zonas de España o de Europa un político no aguantaría dos días en el cargo tras una imputación por corrupción, aquí no sólo aguantan, sino que se insulta y se descalifica a la Justicia, a la Policía, a las instituciones del Estado cuya función es, precisamente, velar por el cumplimiento de las leyes.
-¿Qué piensa?
-Es una situación que revela, desde mi punto de vista, y eso es lo más grave de todo, una gran falta de cultura cívica y política en la Región. Me parece muy grave, más allá de que haya algunos políticos corruptos o incompetentes, que tengamos una ciudadanía que no exige rendición de cuentas, ni actúa con responsabilidad. El Gobierno regional tiene competencias en muchísimos campos, pero actúa como si no se hubiese enterado.
Hace años tuve la suerte de entrevistarle. Se puede consultar el documento en este enlace: "Si los ciudadanos actuamos de manera conjunta tenemos mucho más poder del que nos imaginamos".

22 agosto 2009

El urbanismo siempre en el centro de la diana


Subo un interesante artículo de Antonio Muñoz Molina publicado hoy en El País. El tema, una vez más el urbanismo:

Ciudades sin civilización
Antonio Muñoz Molina
No puede haber civilización sin ciudades", escribe Saul Bellow, "pero hay ciudades sin civilización". Él se refiere a Chicago, la ciudad de los terribles inviernos sin misericordia de la gran Depresión; yo leo la novela en la que vienen esas palabras, The Adventures of Augie March, una mañana de agosto, en Madrid, sentado al fresco de los plátanos y los magnolios gigantes del paseo del Prado, que es una de las islas más indudables de civilización que pueden encontrarse en una ciudad europea, y por donde paso tantas veces camino de algunas de las instituciones más civilizadas que conozco: el Museo del Prado, la Real Academia, el Thyssen, el Botánico, el Reina Sofía, las librerías de viejo de la cuesta de Moyano, sin olvidar el añadido más reciente, la extraordinaria sede de la Fundación La Caixa, con su jardín vertical y sus viejos muros de ladrillo como suspendidos en el aire, una nave industrial de hace un siglo levantada sin peso en la ciudad del presente.
Uno de los rasgos de la civilización es que siempre es más frágil de lo que parece y siempre está amenazada. Un poco más arriba del paseo del Prado y del de Recoletos se abrió en la ciudad en los primeros años setenta el cráter imperdonable de la plaza de Colón, que no es una plaza sino un descampado sin alma de torres especulativas y tráfico como de autopista, con algo de urbanismo apocalíptico suramericano. En el paseo del Prado y en Recoletos se puede caminar siempre al amparo de los árboles: en Colón uno se ve arrojado a una intemperie de sol homicida o de vientos invernales, arreado en manadas para cruzar a toda prisa los pasos de cebra. La llamada plaza de Colón es una muestra infame de lo que estaban haciendo con las ciudades los planificadores, los teóricos del urbanismo y los grandes expertos en los años sesenta y setenta, cuando la capitulación institucional ante los intereses de los especuladores y de los fabricantes de coches aún se revestía con la máscara conveniente de la modernidad, del progreso implacable. Le Corbusier y sus discípulos alumbraban el camino del porvenir, que más que un camino resultaba ser una gran trama de autopistas. Hasta bien entrado el siglo XX las tecnologías del transporte colectivo se habían integrado sin quebranto en el tejido de las ciudades y habían contribuido a su expansión orgánica: las líneas de metro y de tranvías permitían el nacimiento de nuevos vecindarios hechos a la medida de los pasos humanos; los tranvías circulaban con la misma eficacia por las calles sinuosas de los cascos antiguos y por las perspectivas despejadas en las que las ciudades se abrían al campo. Cuando yo llegué a Granada, en 1974, acababan de clausurarse las líneas de tranvías, que comunicaban el centro de la ciudad con la Vega del Genil y con las estribaciones de Sierra Nevada. En Granada todavía quedan nostálgicos del tranvía de la Sierra, construido por un ingeniero ilustrado que se llamaba Santa Cruz, al que fusilaron los matarifes falangistas en el verano de 1936. Uno tomaba el tranvía en una acera arbolada de la ciudad y subía en él por la orilla del Genil hasta las laderas colosales del Veleta.

18 agosto 2009

Un blog para el viaje... con mochila y sombrero



Hace cinco días que comencé el que hasta el momento es el viaje más largo que he emprendido: cinco semanas en Colombia. En la ruta, con Medellín como campamento base, lugares como el golfo de Urabá -entre la selva y el Caribe-, Cartagena, el Eje Cafetero, los Nevados o Río Claro. Como, al menos para mi trayectoria personal, creo que merece la pena, he abierto un nuevo blog en el que, una vez asentado en el país, quiero ir plasmando las experiencias y aquello que me llama la atención... que por ahora es mucho.
Dejo aquí lo que escribí la noche anterior al viaje. Un trayecto que, por retrasos de la compañía aérea y la pérdida por tanto del enlace en Bogotá, fue de 24 horas... Eso sí, en el camino ya pude apreciar la forma de ser esos colombianos que ya están cansados de la imagen que transmite su país, de una violencia que se resiste a desaparecer. El primer día un muchacho me invitó a comer, una chica me dejó monedas para llamar a casa y dos señores se ofrecieron a enseñarme orgullosos su ciudad... Medellín. No hace falta añadir mucho...
En estos momentos, en la calle un vendedor ambulante ofrece aguacates...
El resto lo iré contando en: con mochila y sombrero.

Madrid, 13 de agosto de 2009

2:00 am

Con o sin razón, el viajero que va a visitar Colombia se ve enfrentado a una larga lista de temores engendrados por quizá una aún mayor secuencia de ideas preconcebidas. Mucho ha copado este país los medios de comunicación durante décadas y casi siempre en relación a terribles problemas de los que aún lucha por salir, para que por la imaginación del visitante no campen a sus anchas sombríos fantasmas; y no sólo los de guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes, sino también los tristes de la pobreza, la explotación sexual o el clasismo extremo.
Nombro al comienzo de este diario de viaje el plato más oscuro de la balanza para, una vez citados los demonios, poder centrarme en lo bello de este país; en aquello que espero encontrarme, aún cuando sé que la realidad, siempre compleja e incapaz de ceñirse a una descripción, es una amalgama de todo lo dicho… lo que se dirá, y aún más.
Por lo que me parece percibir, en el otro lado estarán personas amables, ilusionadas con inclinar el fiel de esta balanza imaginaria hacia la luz; una provocadora naturaleza virgen, en ocasiones casi desbocada… seductora; la magia de lo primigenio ya narrada por las mejores plumas del planeta… Es decir, la vitalidad y la belleza de un continente joven, olor a hierba fresca y futuro.
Guardo por tanto a partir de ahora los temores bajo llave y abro los sentidos dispuesto a dejarme impregnar por lo diferente, asimilarlo y contárselo a aquellos con los que comparto una forma de ver el mundo.

12 agosto 2009

Nunca será suficiente

Otro artículo sobre el proyecto urbanístico del Gobierno murciano en Marina de Cope, uno de los pocos tramos vírgenes del litoral mediterráneo español. Toda denuncia siempre será poca frente a un más que dudoso proyecto surgido de la desprotección de un parque natural.

Vistas para los estertores del ladrillazo murciano
OSCAR ABOU-KASSEM

El parque Cabo Cope (Cartagena) está siendo víctima del afán urbanístico del Gobierno regional

Rubén y Ascen, una pareja de jóvenes ecologistas me recogen en Cartagena para ver lo que queda virgen en la costa mediterránea española, el parque regional Cabo Cope y Puntas de Calnegre.
Se trata del lugar en el que el Gobierno regional intenta edificar 40.000 plazas hoteleras, 11.000 viviendas unifamiliares, 5 campos de golf de 18 hoyos y 10 campos de fútbol. Además, se dragará la costa para instalar 2.000 puntos de amarre. Parecía que una monstruosidad urbanística como Marina D'or no podría repetirse otra vez pero el Gobierno de Murcia está empeñado en dejar pequeña a la ciudad de vacaciones de Oropesa de Mar.
Para llegar al parque tomamos la "autopista de pillaje", una carretera que va de la nada a ninguna parte. Sale de las afueras de Cartagena y llega a Vera, en Almería, circulando en paralelo a la autopista del Mediterráneo. El megaproyecto urbanístico comenzó por el tejado. Primero la autopista de peaje y un aeropuerto, ahora en construcción.
Por el camino recorremos una serie de secarrales y salidas que no dan a ningún lado. Ni un coche en los cuatro carriles. "Esperaban que pasaran unos 7.000 coches al día pero como no pasan ni 1.500 la empresa adjudicataria ha pedido ser rescatada y que socialicemos las perdidas", cuenta Rubén. Las pintadas en los puentes señalan al culpable: "ZP ayuda a Cataluña y roba a Murcia".
Morcillas y mentiras
Tras una hora de carretera llegamos a nuestro destino. En Cabo Cope no hay nada construido todavía. Están a la espera de los permisos de los municipios y, sobre todo, superar el recurso ante el Constitucional impulsado por los ecologistas locales. Ellos se definen como los galos de Astérix versión murciana. "Aquí lo que triunfa es comprar a los viejos con morcilla y pandereta", se lamenta Ascen.
Lo suyo tiene mérito. Cuentan que cuando acudían fuera de Murcia a las manifestaciones contra el trasvase del Ebro eran jaleados y manteados. "Somos pocos, pero somos una mosca cojonera que va retrasando cada plan urbanístico con contenciosos", dice Rubén. A cambio reciben unas cuantas amenazas de muerte. Y se les acumula el trabajo porque el 50% de los concejales de Murcia han sido imputados, casi todos por corrupción urbanística.
Más información:

11 agosto 2009

El engaño del PIB


Transcribo en esta entrada algunos fragmentos de un interesante artículo aparecido en la revista Ecología Política. En él se trata uno de los aspectos más debatidos en economía ambiental: el uso del Producto Interior Bruto (PIB) como indicador del crecimiento socioeconómico de los países. Utilizando como ejemplo el caso del hundimiento del petrolero Exxon Valdez en la costa de Alaska, el autor demuestra lo perjudicial que puede ser este uso cuando no contabiliza los daños ambientales ni el agotamiento de recursos y sí lo que se invierte en su reparación; de tal manera que un desastre como el hundimiento de un petrolero, según este indicador económico, sólo produce beneficios, puesto que se dan inversiones multimillonarias en la restauración de las zonas afectadas y no se hace visible ninguna pérdida. Todo esto, a pesar de que los habitantes del lugar y los ecosistemas se pueden ver afectados durantes décadas.

Así, concluye: "Los indicadores económicos, ambientales y sociales que escojamos medir condicionarán nuestras políticas y, por consiguiente,influirán sobre la evolución de la sociedad. Cuanto más constatamos los límites de nuestros recursos naturales, si aspiramos a seguir disfrutando de los beneficios de los bienes públicos del planeta, más importante es que utilicemos un método mejor para evaluar otras áreas de nuestra economía..."

El artículo completo se puede encontrar entre las páginas 93 y 96 del siguiente enlace: Ecología Política.

Costes hundidos: los impagos ambientales y el PIB

Thomas Prugh
Editor World Watch Magazine

De acuerdo a los cálculos de la economía tradicional, el naufragio del petrolero Exxon Valdez ha sido considerado «el viaje más increíblemente productivo de un barco cisterna de toda la historia».
El derrame de petróleo del Exxon Valdez en la costa de Alaska, reconocido como el mayor de la historia de EE UU, contribuyó significativamente al crecimiento económico al aportar miles de millones de dólares al Producto Interior Bruto (PIB). El gobierno estadounidense, la Exxon y otros inyectaron más de 2.500 millones de dólares a la economía local en concepto de actividades de limpieza, incluyendo la recogida del petróleo vertido y la rehabilitación de la vida silvestre (la recuperación del águila de cabeza blanca, por ejemplo, ascendió a unos 100.000 dólares por ejemplar) (Rodgers et al., 2005). Más de 180.000 demandantes provocaron unos 300 pleitos, que generaron una suma récord de 1.300 millones de dólares en concepto de honorarios y gastos legales (Rodgers et al., 2005; Beck, 2004)....
¿Cómo es posible que un desastre ecológico de semejante magnitud pueda contribuir al crecimiento económico? La respuesta señala el uso inadecuado de uno de los principales indicadores económicos: el Producto Interior Bruto (PIB). El caso del Exxon Valdez ilustra claramente la falacia de utilizar el PIB para medir el progreso socioeconómico.
Más allá de los beneficios netos para el PIB, el accidente del Exxon Valdez fue un desastre en todos los sentidos posibles. Como uno de los más grandes derrames de petróleo en la historia del planeta, el naufragio afectó a más de 2.000 kilómetros de costa y mató cerca de 400.000 aves, miles de nutrias, centenares de focas, numerosísimos peces y decenas de orcas (EVOSTC, 2006).3 ...
¿Cómo puede un acontecimiento así beneficiar al PIB? El problema radica en aquello que el PIB mide y en lo que no mide. El PIB mide el valor monetario total del consumo de bienes y servicios dentro del mercado en un país determinado, pero no tiene en consideración las economías de subsistencia o los cambios de valor de los bienes públicos.
En el caso del Exxon Valdez, el dinero gastado en las operaciones de limpieza, los estudios, la producción adicional para reemplazar el petróleo derramado y los 1.300 millones de dólares pagados como honorarios de abogados y gastos legales, todo pasó a ser tenido en cuenta en el PIB. Simultáneamente, los impactos sobre las actividades de subsistencia, la muerte de centenares de miles de animales y los perjuicios ecológicos permanentes sólo afectaron al PIB si
tenían un impacto sobre el mercado comercial. Pese a que los impactos sobre la pesca comercial pueden substraerse del PIB, los efectos sobre la economía de subsistencia no son tenidos en cuenta. Del mismo modo, el perjuicio al capital natural (como la contaminación de los sedimentos
con hidrocarburos, la mortandad de animales silvestres y los efectos perniciosos sobre el agua potable) no es cargado al PIB, mientras que los servicios aportados para limpiar estos bienes públicos sí cuentan como valores en nuestra producción nacional...
Si una sociedad depende de tasas de consumo cada vez mayores para mantener el bienestar económico, sería lógico usar el PIB para medir este progreso. En un mundo de recursos naturales infinitos, tal modelo podría ser convincente. Sin embargo, vivimos en un planeta con recursos naturales limitados, cuya producción tiene límites y cuya explotación genera costes ambientales y sociales que no se reflejan en los valores de producción. Por cierto, los bienes públicos como el aire limpio, el agua potable y los paisajes naturales —que contribuyen positivamente al bienestar humano— solamente son tenidos en cuenta en el PIB si sufren daños o explotación (y en este caso, sólo por los servicios de rehabilitación que hayan requerido)...
Los indicadores económicos, ambientales y sociales que escojamos medir condicionarán nuestras políticas y, por consiguiente, influirán sobre la evolución de la sociedad. Cuanto más constatamos los límites de nuestros recursos naturales, si aspiramos a seguir disfrutando de los beneficios de los bienes públicos del planeta, más importante es que utilicemos un método mejor para evaluar otras áreas de nuestra economía, incluido el valor de los servicios que aportan los ecosistemas. Si nuestra intención es tender hacia un desarrollo sostenible, tenemos que trascender los métodos utilizados por el PIB, centrados en el consumo, y adoptar sistemas más inclusivos para la evaluación de la economía. Hasta ese momento, los accidentes como el del Exxon Valdez continuarán incrementando los valores del PIB y nuestras economías nacionales seguirán contabilizándolos como factores de progreso.

Ecológico, sostenible y no consumista...


Incluyo en este post un artículo publicado en la revista política colombiana Semana. Me ha resultado especialmente interesante porque en él se recogen un buen número de iniciativas en diferentes países; pequeñas alternativas al modelo capitalista imperante. Una de ellas es el trueque que, aún sin ser la solución definitiva, puede servir como una alternativa paralela, "ecológica, sostenible y no consumista..." a las grandes cifras de la economía global. A estas alturas parece que el futuro de la humanidad podría estar en pequeñas alternativas imaginativas y no en las grandes ideologías...

Reinventando el dinero

Monedas alternativas y clubes de trueque se están expandiendo rápidamente como respuestas a la crisis financiera global. Su propuesta es ecológica, sostenible y no consumista.

Son variadas las formas de mantenerse a flote ante la crisis. Los franceses ahora hacen más pequeñas sus baguettes. Los estadounidenses se bajaron de sus 4x4 y volvieron a los carros pequeños para ahorrar gasolina. Las aerolíneas de bajo costo quitaron definitivamente las comidas y algunas proponen, incluso, viajar de pie. Otros, sin embargo, van más allá del simple ahorro y proponen otras formas de circulación del capital: ferias de trueque y sistemas basados en monedas alternativas.
La tendencia es global y toma fuerza con rapidez. Entre los proyectos de trueque más destacados se cuentan el tianguis (mercado) Tlaloc de Ciudad de México, el Mutirao de Trocas Solidarias de Río de Janeiro, el Fureai Kippu en Japón y el proyecto holandés Strohalm. Plantean una alternativa creativa al consumismo desenfrenado y estimulan el intercambio en pequeñas redes locales, como contrapeso a los mercados transnacionales. También tienen un trasfondo ecológico y se basan en el paradigma del desarrollo sostenible. Creen en una economía no competitiva, más humana y solidaria.
Las monedas alternativas no se quedan atrás. Su propuesta consiste en imprimir localmente una moneda que mantenga el capital circulando en la comunidad. Esto protege la producción local y fortalece los lazos sociales. El sistema de dinero alternativo más grande del mundo funciona en el condado de Berkshire, en el estado norteamericano de Massachussets. Sus billetes, los BerkShares, se adquieren en los bancos locales a cambio de dólares, y se usan en infinidad de negocios, desde peluquerías hasta tiendas de alimentos. Desde su invención, en 2006, ha circulado un equivalente a 2,5 millones de dólares en BerkShares en el comercio local.
Otra exitosa experiencia es el Chiemgauer, moneda inventada en el distrito de Chiemgau en Alemania. En mayo circulaba con un equivalente a 370.000 euros y contaba con 3.000 miembros y 600 negocios como restaurantes, panaderías, estaciones de biocombustible y una red de supermercados orgánicos. Existe además una tarjeta débito basada en esta moneda. El Chiemgauer es una de las 16 monedas regionales que han emergido en Alemania y Austria desde el lanzamiento del euro.
Continuar leyendo...

También en la Región de Murcia se han dado iniciativas, como la puesta en marcha hace unos años por la Red de Permacultura del Sureste: Red de Trueque.