10 marzo 2009

Y la política ambiental pasó a mejor vida

CARLOS EGIO
Por fin, después de años soñando con que sucediera, explotó la burbuja inmobiliaria, y sin necesidad de pincharla como a muchos nos hubiera apetecido, que me da la impresión de que éramos unos cuantos los que ya le teníamos ganas.

Ante la mirada atónita de los ciudadanos que confiaban en recorrer la península de punta a punta montados cómodamente en sus carritos de golf -porque hacía tiempo ya que se daba por imposible la peregrinación de la ardilla de Estrabón-, fueron suspendiéndose uno por uno muchos de los proyectos que acorralaban los parajes naturales de la costa española, cuando no los invadían sin complejos. La pesadilla había durado mucho más de lo que cualquiera hubiera previsto y sus consecuencias hubieran sido inimaginables hace tan solo una década. Según datos del Instituto Geográfico Nacional, entre 2000 y 2005, la superficie construida en los
dos primeros kilómetros de costa aumentó en un 22%.

Claro que a cambio mantendremos para siempre complejos turísticos tan “glamourosos” como Marina D'Or, que sin duda en un futuro serán visitados para poder revivir en directo el turismo hortera de los felices 2000. ¿Quién no ha soñado con sentirse como todo un Camacho "a tan solo
unos minutos de la playa"?

Sin embargo, no hemos visto todavía saltar por la ventana de su ayuntamiento a ningún alcalde desesperado por la pérdida de la que hasta ahora era su mayor fuente de ingresos, la especulación inmobiliaria... o el noble negocio de la construcción. Y por distancia al suelo -carísimo por cierto no será, porque los años de bonanza les han permitido levantar
magníficos palacios, lapidando presupuestos, sólo dignos de aquellos que deciden dedicar su tiempo a mejorar la vida de sus conciudadanos.

Es más, con la crisis del sector lo que ha desaparecido ha sido... ¡el Ministerio de Medio Ambiente! Me dirán que no, que como recompensa a su buena gestión, ahora incluye al Medio Rural y al Medio Marino. El caso es que su antigua titular pasó a mejor vida (política, por supuesto) y ahora está al frente la antigua ministra de Agricultura, Elena Espinosa, quien, como por arte de magia, ha recuperado políticas que parecían más propias de otro tiempo. No citaremos, por lo recurrente, los trasvases. Pero además, resulta que para salir de la debacle económica en la que este modelo de desarrollo nos había sumergido, el Gobierno decide regalar a los ayuntamientos la friolera de 11.000 millones de euros para que los gasten en... ¡las obras públicas que quieran!... y en el menor tiempo posible, que no estamos para demorarnos con los trámites encaminados a disminuir los impactos ambientales. Será que han considerado que tampoco se notará tanto la diferencia, puesto que una de las medidas de urgencia presentadas en agosto contra la crisis fue acortar la duración de los estudios de impacto ambiental.

Pues nada señores, a seguir construyendo, que así se levanta España, literalmente.