Al entrar en Marruecos el reloj decide cambiar su marcha, y más vale que nosotros lo hagamos con él. El tiempo, esa dimensión mal entendida que en Europa se ha convertido en el tesoro más ansiado –aunque lo derrochemos dedicándonos a actividades que no siempre nos enriquecen-, pierde su valor económico para discurrir tranquilo y seguro.
Más fotos del viaje: reportaje gráfico.


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