26 mayo 2009

Sobre sueldos que no crecen...

Normalmente no suelo mirar la sección de Negocios de El País, de hecho su mero nombre me provoca somnolencia y el periódico del domingo es lo suficientemente extenso como para pasar el día hojeándolo sin echar de menos unas cuantas páginas más.
Sin embargo ayer, gracias a una buena recomendación, decidí vencer mis prejuicios y echarle vistazo. Mi sorpresa fue que, entre decenas de noticias que no conseguían despertar mi interés, se encontraba el artículo que transcribo a continuación. En él Carme Massana, profesora de Política Económica de la Universidad de Barcelona, nos explica con claridad y en el lenguaje de los negocios por qué la congelación salarial, cuando una empresa no tiene pérdidas continuadas, no beneficia a nadie (salvo de una manera mal entendida... a los que pretenden lucrarse de una manera rápida).
Congelación salarial: ¿positiva o negativa?
Carme Massana
La congelación salarial es objeto de debate, desencuentros y confrontaciones en el arduo diálogo social. La CEOE y otras patronales la preconizan, los trabajadores la aceptan in extremis para evitar la pérdida de ocupación. ¿Qué hacer con los salarios?
Sólo es coherente negociar recortes de sueldos en empresas con pérdidas continuadas
Cabe recordar que la contención en el aumento de las retribuciones de la mayoría de los trabajadores fue una constante durante el largo periodo 1996-2008. Los salarios representaban un 56,4% del PIB en 1996 y un 46,4% en 2006. No obstante, el modelo económico español no experimentó un cambio sustancial.
El aumento del excedente empresarial no se utilizó de forma suficiente en la modernización de la estructura productiva y conseguir que la competitividad de la economía española se igualara a la de la media de Unión Europea. Los países europeos con salarios más altos son los que presentan tasas de competitividad más elevadas, pues los salarios altos son un acicate para la introducción de innovaciones y la obtención de productos con mayor valor añadido. El excedente se ha destinado en demasía en España a inversiones especulativas (inmobiliarias, activos financieros...), pagar deudas financieras y reestructurar plantillas (jubilaciones anticipadas y despidos). Además, los contratos temporales y por obra han sido las formas de trabajo preferidas por muchas empresas por resultar menos costosas y más flexibles y han contribuido a que desapareciera prácticamente la formación dentro de las empresas.