
Transcribo en esta entrada algunos fragmentos de un interesante artículo aparecido en la revista Ecología Política. En él se trata uno de los aspectos más debatidos en economía ambiental: el uso del Producto Interior Bruto (PIB) como indicador del crecimiento socioeconómico de los países. Utilizando como ejemplo el caso del hundimiento del petrolero Exxon Valdez en la costa de Alaska, el autor demuestra lo perjudicial que puede ser este uso cuando no contabiliza los daños ambientales ni el agotamiento de recursos y sí lo que se invierte en su reparación; de tal manera que un desastre como el hundimiento de un petrolero, según este indicador económico, sólo produce beneficios, puesto que se dan inversiones multimillonarias en la restauración de las zonas afectadas y no se hace visible ninguna pérdida. Todo esto, a pesar de que los habitantes del lugar y los ecosistemas se pueden ver afectados durantes décadas.
Así, concluye: "Los indicadores económicos, ambientales y sociales que escojamos medir condicionarán nuestras políticas y, por consiguiente,influirán sobre la evolución de la sociedad. Cuanto más constatamos los límites de nuestros recursos naturales, si aspiramos a seguir disfrutando de los beneficios de los bienes públicos del planeta, más importante es que utilicemos un método mejor para evaluar otras áreas de nuestra economía..."
El artículo completo se puede encontrar entre las páginas 93 y 96 del siguiente enlace: Ecología Política.
Costes hundidos: los impagos ambientales y el PIB
Thomas Prugh
Editor World Watch Magazine
De acuerdo a los cálculos de la economía tradicional, el naufragio del petrolero Exxon Valdez ha sido considerado «el viaje más increíblemente productivo de un barco cisterna de toda la historia».
El derrame de petróleo del Exxon Valdez en la costa de Alaska, reconocido como el mayor de la historia de EE UU, contribuyó significativamente al crecimiento económico al aportar miles de millones de dólares al Producto Interior Bruto (PIB). El gobierno estadounidense, la Exxon y otros inyectaron más de 2.500 millones de dólares a la economía local en concepto de actividades de limpieza, incluyendo la recogida del petróleo vertido y la rehabilitación de la vida silvestre (la recuperación del águila de cabeza blanca, por ejemplo, ascendió a unos 100.000 dólares por ejemplar) (Rodgers et al., 2005). Más de 180.000 demandantes provocaron unos 300 pleitos, que generaron una suma récord de 1.300 millones de dólares en concepto de honorarios y gastos legales (Rodgers et al., 2005; Beck, 2004)....
¿Cómo es posible que un desastre ecológico de semejante magnitud pueda contribuir al crecimiento económico? La respuesta señala el uso inadecuado de uno de los principales indicadores económicos: el Producto Interior Bruto (PIB). El caso del Exxon Valdez ilustra claramente la falacia de utilizar el PIB para medir el progreso socioeconómico.
Más allá de los beneficios netos para el PIB, el accidente del Exxon Valdez fue un desastre en todos los sentidos posibles. Como uno de los más grandes derrames de petróleo en la historia del planeta, el naufragio afectó a más de 2.000 kilómetros de costa y mató cerca de 400.000 aves, miles de nutrias, centenares de focas, numerosísimos peces y decenas de orcas (EVOSTC, 2006).3 ...
¿Cómo puede un acontecimiento así beneficiar al PIB? El problema radica en aquello que el PIB mide y en lo que no mide. El PIB mide el valor monetario total del consumo de bienes y servicios dentro del mercado en un país determinado, pero no tiene en consideración las economías de subsistencia o los cambios de valor de los bienes públicos.
El derrame de petróleo del Exxon Valdez en la costa de Alaska, reconocido como el mayor de la historia de EE UU, contribuyó significativamente al crecimiento económico al aportar miles de millones de dólares al Producto Interior Bruto (PIB). El gobierno estadounidense, la Exxon y otros inyectaron más de 2.500 millones de dólares a la economía local en concepto de actividades de limpieza, incluyendo la recogida del petróleo vertido y la rehabilitación de la vida silvestre (la recuperación del águila de cabeza blanca, por ejemplo, ascendió a unos 100.000 dólares por ejemplar) (Rodgers et al., 2005). Más de 180.000 demandantes provocaron unos 300 pleitos, que generaron una suma récord de 1.300 millones de dólares en concepto de honorarios y gastos legales (Rodgers et al., 2005; Beck, 2004)....
¿Cómo es posible que un desastre ecológico de semejante magnitud pueda contribuir al crecimiento económico? La respuesta señala el uso inadecuado de uno de los principales indicadores económicos: el Producto Interior Bruto (PIB). El caso del Exxon Valdez ilustra claramente la falacia de utilizar el PIB para medir el progreso socioeconómico.
Más allá de los beneficios netos para el PIB, el accidente del Exxon Valdez fue un desastre en todos los sentidos posibles. Como uno de los más grandes derrames de petróleo en la historia del planeta, el naufragio afectó a más de 2.000 kilómetros de costa y mató cerca de 400.000 aves, miles de nutrias, centenares de focas, numerosísimos peces y decenas de orcas (EVOSTC, 2006).3 ...
¿Cómo puede un acontecimiento así beneficiar al PIB? El problema radica en aquello que el PIB mide y en lo que no mide. El PIB mide el valor monetario total del consumo de bienes y servicios dentro del mercado en un país determinado, pero no tiene en consideración las economías de subsistencia o los cambios de valor de los bienes públicos.
En el caso del Exxon Valdez, el dinero gastado en las operaciones de limpieza, los estudios, la producción adicional para reemplazar el petróleo derramado y los 1.300 millones de dólares pagados como honorarios de abogados y gastos legales, todo pasó a ser tenido en cuenta en el PIB. Simultáneamente, los impactos sobre las actividades de subsistencia, la muerte de centenares de miles de animales y los perjuicios ecológicos permanentes sólo afectaron al PIB si
tenían un impacto sobre el mercado comercial. Pese a que los impactos sobre la pesca comercial pueden substraerse del PIB, los efectos sobre la economía de subsistencia no son tenidos en cuenta. Del mismo modo, el perjuicio al capital natural (como la contaminación de los sedimentos
con hidrocarburos, la mortandad de animales silvestres y los efectos perniciosos sobre el agua potable) no es cargado al PIB, mientras que los servicios aportados para limpiar estos bienes públicos sí cuentan como valores en nuestra producción nacional...
tenían un impacto sobre el mercado comercial. Pese a que los impactos sobre la pesca comercial pueden substraerse del PIB, los efectos sobre la economía de subsistencia no son tenidos en cuenta. Del mismo modo, el perjuicio al capital natural (como la contaminación de los sedimentos
con hidrocarburos, la mortandad de animales silvestres y los efectos perniciosos sobre el agua potable) no es cargado al PIB, mientras que los servicios aportados para limpiar estos bienes públicos sí cuentan como valores en nuestra producción nacional...
Si una sociedad depende de tasas de consumo cada vez mayores para mantener el bienestar económico, sería lógico usar el PIB para medir este progreso. En un mundo de recursos naturales infinitos, tal modelo podría ser convincente. Sin embargo, vivimos en un planeta con recursos naturales limitados, cuya producción tiene límites y cuya explotación genera costes ambientales y sociales que no se reflejan en los valores de producción. Por cierto, los bienes públicos como el aire limpio, el agua potable y los paisajes naturales —que contribuyen positivamente al bienestar humano— solamente son tenidos en cuenta en el PIB si sufren daños o explotación (y en este caso, sólo por los servicios de rehabilitación que hayan requerido)...
Los indicadores económicos, ambientales y sociales que escojamos medir condicionarán nuestras políticas y, por consiguiente, influirán sobre la evolución de la sociedad. Cuanto más constatamos los límites de nuestros recursos naturales, si aspiramos a seguir disfrutando de los beneficios de los bienes públicos del planeta, más importante es que utilicemos un método mejor para evaluar otras áreas de nuestra economía, incluido el valor de los servicios que aportan los ecosistemas. Si nuestra intención es tender hacia un desarrollo sostenible, tenemos que trascender los métodos utilizados por el PIB, centrados en el consumo, y adoptar sistemas más inclusivos para la evaluación de la economía. Hasta ese momento, los accidentes como el del Exxon Valdez continuarán incrementando los valores del PIB y nuestras economías nacionales seguirán contabilizándolos como factores de progreso.
Los indicadores económicos, ambientales y sociales que escojamos medir condicionarán nuestras políticas y, por consiguiente, influirán sobre la evolución de la sociedad. Cuanto más constatamos los límites de nuestros recursos naturales, si aspiramos a seguir disfrutando de los beneficios de los bienes públicos del planeta, más importante es que utilicemos un método mejor para evaluar otras áreas de nuestra economía, incluido el valor de los servicios que aportan los ecosistemas. Si nuestra intención es tender hacia un desarrollo sostenible, tenemos que trascender los métodos utilizados por el PIB, centrados en el consumo, y adoptar sistemas más inclusivos para la evaluación de la economía. Hasta ese momento, los accidentes como el del Exxon Valdez continuarán incrementando los valores del PIB y nuestras economías nacionales seguirán contabilizándolos como factores de progreso.


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